Soy
un mercader dueño de inmensas riquezas en todo el sentido de la palabra, voy a
viajar para arreglar ciertos asuntos.
Para
el viaje tome galletas y dátiles para alimentarme en el desierto.
Me
fui cabalgando durante días y días, y llegue a mi destino, puse en regla todos
los negocios y emprendí mi regreso. Agobiado por el calcinan te sol del
desierto, vi un pequeño oasis a un lado del camino, y me dirigí hacia él. Llegue
a la fresca sombra de los arboles descabalgue y me senté frente a un arroyo
cristalino, saque del zurrón las provisiones que me quedaban. Fui arrojando los
huesos de los dátiles a mí alrededor.
De
la nada me apareció un genio de una estatura colosal y de horrible aspecto, esgrimiendo
un descomunal alfanje. Su mirada lanzaba fuego, me dijo:
-
Acabas
de matar a mi hijo y ahora tú también vas a morir.
Me
cogió por los cabellos, y me agarró al suelo y alzo su feroz acero, dispuesto a
descargarlo sobre mi cuello.
Rugue
perdón y pregunte: ¿Qué crimen he cometido? ¿Cómo he podido matar a vuestro
hijo si ni siquiera lo he visto?
-¿vas
a negar que has arrojado los huesos de dátiles? Vocifero el genio.
-
eso es verdad y no lo niego.
-
pues has de saber – dijo el genio- que mi hijo pasaba a tu lado, le dio en el
ojo uno de las huesos y fue fulminando por la muerte. Y tu su acecino, sufrirás
la misma suerte.
El
alfase se ajito sobre mi cabeza y sentí que llegaba mi último momento.
Soy
inocente dije – acaso he matado a vuestro hijo pero lo hice involuntariamente. Tenéis
que concederme vuestro perdón.
Me
acorde de mi esposa e hijos, a los que ya no vería mas. ¡Escuchadme solo una
palabra ¡os pido una última merced antes
de perder la vida. Dejad en suspenso vuestra sentencia, mientras me despido de
mi familia, hago el testamento y ordeno mis negocios. Después, juro por dios
del cielo y de la tierra que me tendréis aquí, dispuesto a entregaros mi
cuello.
-
¿Qué
tiempo te llevara todo esto?- pregunto el genio
-
un
año. Regresare al termino de este plazo y me someteré a tu voluntad.
-
No olvides que has jurado ante dios.
Diciendo
estas fatales, palabras, el colosal genio desapareció. Y yo, después de
recobrarme del susto, seguí caminando.
Llegue
a casa, y fui recibido con gran alegría por mi familia, pero yo les explique
con detalle la triste aventura y la clase de juramento que le tenía unido al
genio. La revelación troco la alegría en lamentos, y mi esposa e hijos lloraron
alegremente.
Pague
mis deudas, repartí limosnas entre los pobre, obsequie a mis amigos valiosos
regalos, concedí libertad a mis esclavos y repartí mi cuantiosa hacienda entre
mis hijos. Tales asuntos me llevaron un año y había llegado la hora de partir.
AUQUE
pensándolo bien el genio no se debe
acordar de esa promesa, yo mejor me quedare aquí con mi familia y empezare una
vida de cero.
Días
después sin previo aviso el genio se me apareció a mí y a mi familia en la
hacienda muy molesto porque no había cumplido la promesa.
Yo
le dije que me perdonara por haber incumplido mi promesa pero no me quería separar
de mi familia. – el genio con un poco de compasión dijo: te reto a un duelo ,
si yo gano te matare a ti y a tu familia ay si tu ganas quedaras en libertad
hasta que seas malo con alguien ese día yo te buscare y te matare a ti y a toda
tu familia.
Yo
acepte y el duelo fue una lucha con trajes de sumos, yo soy muy bueno en eso y
los dos nos pusimos a luchar. Yo gane y el genio se alejo de mi vida para
siempre.
Soy
buena persona porque si no lo soy el genio me va a buscar, y me va a matar a mí
y a mi familia.
FIN
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