Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan muy incómodas. La posición natural consiste en mantenerte de pie, los brazos colgados sin esfuerzo, la cabeza levantada aunque no tanto que los ojos dejen de ver los escalones que están por encima del que pisas, respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada abajo a la derecha, cubierta casi siempre por unos zapatos, y que cabe exactamente en el escalón. Puesta en el peldaño dicha parte, que llamaremos pie, se recoge la otra de la izquierda (también llamada pie, pero que no debe confundirse con el pie que antes habíamos subido) y llevándola a la altura del pie. Los primeros escalones son siempre los más difíciles. La coincidencia de nombres entre pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie.
Llegado en esta forma al segundo escalón, basta repetir los movimientos hasta encontrarnos con el final de la escalera.
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